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La influencia del grupo en la adolescencia. ¿Cómo lo afrontamos?

La influencia del grupo en la adolescencia. ¿Cómo lo afrontamos?Si hay algo que tenga importancia para un adolescente es el grupo de iguales, los amigos y amigas. Así lo expresan ellos mismos en todos los estudios y encuestas realizadas: los amigos y amigas superan en importancia la familia, la salud y por supuesto al instituto. Y es que el protagonismo que adquiere la amistad en la adolescencia tiene que ver con el proceso madurativo de los hombres y mujeres que, lejos de seguir teniendo como referencia figuras de autoridad (padres, madres, maestros…) tienen la necesidad de construir su identidad de manera independiente. ¡Cuidado! La familia seguirá teniendo un papel fundamental para los chicos y chicas, pero el grupo de iguales es imprescindible para la propia autoafirmación y autoestima.

Quizás resulta demasiado tópico recordar que la adolescencia se ha definido tradicionalmente como la etapa que sigue a la infancia y precede a la juventud (considerando que los jóvenes ya son adultos, aunque, adultos jóvenes.). Es, por tanto, un segundo nacimiento. No un nacimiento biológico pero sí un nacimiento identitario y social que irá dibujando el adulto que seremos y el tipo de relaciones que estableceremos con los demás y con el mundo.

Hasta ahora estas relaciones venían muy marcadas por la familia y la escuela, pero al iniciarse esta etapa es imprescindible la construcción de vínculos positivos con los iguales porque las hemos elegido nosotros (lo que no ocurre con la familia, el entorno o el escuela) y porque hemos sido elegidos por ellos y ellas. De esta manera nos sentimos personas con valía, útiles, estimadas, importantes y merecedoras de un lugar en el mundo. Lo peor que le puede pasar a un adolescente (y cualquier adulto también) es no disfrutar de todo lo que conllevan los lazos de amistad.

Sin miedo a caer en el ridículo, podemos afirmar que la amistad es la primera experiencia afectiva por elección que tienen los chicos y chicas. Está claro que han experimentado el amor de los padres, madres, abuelos, tíos y tías… pero no ha sido por elección. Tú eliges tus amigos y, al mismo tiempo, eres elegido por ellos. Este vínculo se convierte casi sagrado y precisamente por eso exige una enorme lealtad.

Es posible que estas primeras elecciones de amistad no gusten del todo a las familias. De entrada porque resituan la influencia que tienen sobre los hijos e hijas, pero también porque, como es lógico, sufren en tanto que quieren que de estas nuevas relaciones salga una buena persona y que salga con el menor sufrimiento y dolor.

La influencia del grupo en la adolescencia. ¿Cómo lo afrontamos?Lejos de entrar a valorar si las amistades de los chicos y chicas son muy o poco recomendables, lo más aconsejable es diversificar al máximo los grupos de amigos y amigas de los hijos e hijas. Tener amigos en la escuela, el barrio, el esparcimiento, el gimnasio o en el lugar de veraneo es la mejor manera de relativizar y contextualizar las posibles malas compañías. Fomentar la diversificación del grupo de amigos siempre es recomendable.

Por un lado, amplifica lo que ya hemos comentado: cuanto más amigos tengo aquí y allá significa que más gente me elige, me valora y me quiere; y esto tiene un efecto innegable sobre la autoestima. Por otra parte, porque la diversidad permite al adolescente experimentar diferentes modelos de relación entre sus iguales: algunos resultarán atractivos y otros no pero la conclusión de cuál es cuál será propia, fruto de la propia experiencia, vivencia y reflexión. Y, finalmente, porque la confrontación o la prohibición (“no me gustan esos amigos con los que vas”) puede generar el efecto contrario al que se quiere, es decir la aproximación a los amigos y el distanciamiento de los progenitores. En este sentido, conocer a los amigos y amigas de los hijos e hijas, permitir su entrada en casa, tener contacto y relación, es siempre beneficioso para la creación y el mantenimiento de los puentes de diálogo.

Los adolescentes deben explorar, descubrir y hacer suyo el mundo en el que viven; no se lo podemos impedir sencillamente porque las consecuencias serían mucho peores que lo que queremos prevenir. Esta exploración y descubrimiento del mundo (y de ellos mismos ante el mundo) conllevará seguro enfrentarse a los riesgos que forman parte de la sociedad en que vivimos (el consumo de bebidas alcohólicas y de drogas, las relaciones de acoso o sumisión, las adicciones a todo tipo de tecnologías, las conductas violentas) pero también conllevará conocer valores como la confianza, la lealtad, la colaboración, el compartir, la autosuperación, la compañía y el amor. No podemos negarles la experiencia de unos, ni de otros.

El papel de los familiares y de los educadores es estar ahí (no valen las excusas que remiten a la falta de tiempo o en el trabajo). Estar es importante. Estar porque cuando aparezcan las dudas, las incertidumbres, las decisiones y los momentos de vértigo sepan y sientan que no están solos. Estar ahí sin juzgar, estar allí para escuchar, compartir experiencias y ayudar a reflexionar.


David Domínguez y Arús @bonaeducacio
Educador, coach y docente de la Fundació Pere Tarrés

Fundació Pere Tarrés

Comunidad activa de maestros/as
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