VOLVER AL COLE CON UNA SONRISA

4 sugerencias para empezar el nuevo curso contentos

Al inicio de curso se juntan diferentes factores que nos pueden hacer cambiar la sonrisa que teníamos en las vacaciones por una mueca permanente, y esta se puede acentuar aún más si se tienen hijos. No es sólo que tú tengas que volver al trabajo ya la rutina de siempre, sino que los pequeños (y no tan pequeños) deben volver a la escuela con todo lo que ello supone: un montón de material nuevo, nuevos profesores y compañeros, nuevos hábitos y horarios… Si lo que quieres es encarar en septiembre procurando no perder la alegría de los días de verano, sentimos decirte que es difícil, ¡pero no imposible! A continuación te damos algunas pautas para que, cuando menos, ¡lo intentes!

  • Recuperar los hábitos poco a poco: los cambios repentinos siempre crean malestar, por eso hacer unos días de adaptación previa a los nuevos horarios de acostarse y comer puede ayudar a que el primer día de curso tus hijos no tengan tanto sueño y/o hambre.

    Para recuperar el horario de dormir puede hacerlo como si se tratara de un juego, donde cada día iréis a la cama 15 minutos antes y durante 15 minutos lo que haréis será una actividad relajante, como por ejemplo meditar (recomendamos el libro Tranquilos y atentos como una rana de Eline Snel).

  • Hacer listas: un inicio de curso requiere un poco de organización, por lo que las listas siempre son un buen remedio que puede ayudarnos a reducir el nivel de estrés. Se pueden hacer por diferentes cuestiones, de listas, como por ejemplo enumerar todo el material necesario que debe llevar tu hijo en la mochila el primer día de escuela, para indicar qué comidas y cenas haréis, o para organizar los horarios de la familia según las actividades y las tareas de cada uno.

    Para la lista del material escolar es importante consultar las recomendaciones de los tutores de tus hijos y luego ver qué puedes aprovechar de los cursos anteriores. Una vez sabes qué necesitas puedes intentar encontrarlo en el catálogo de vuelta a la escuela que hemos preparado y pasearte por nuestras tiendas o por la tienda online. Eso sí, no esperes al último día, mejor ir con tiempo por si tienes que encargar algo que no has encontrado.

    Para organizar el menú de las primeras semanas de escuela y que sea equilibrado y saludable, puedes consultar este par de libros: Cocina rápida y económica y Cocinar alimentos de temporada, donde encontrarás buenas ideas que no te requerirán mucho tiempo.

    Y para organizar los horarios de las actividades puedes hacer un calendario semanal con las horas de entrada y salida de cada hijo: ¿cuáles son las actividades principales?, ¿quien va buscar o llevar cada niño/a? Si lo hazéis conjuntamente, con los más pequeños, éstos también se implicarán en el cumplimiento de lo escribe. Puede ver un ejemplo en la receta creativa “Semanario”.

    Una vez tienes las listas a punto las cuelgas en la nevera con los imanes de los lugares donde ha estado estas vacaciones y así durante un minuto puedes trasladarte de nuevo allí y tener tu momento de tranquilidad antes de comenzar/continuar el día según qué indican las listas que acabas de colgar.

  • Fijarse objetivos: una manera de motivar a los pequeños (y también a nosotros) es fijar unos objetivos para el nuevo curso. No nos referimos a objetivos académicos o profesionales, estos ya se presuponen, sino objetivos más emocionales, que nos generen momentos felices o de bienestar. Para los pequeños podría ser, por ejemplo, que un día de cada semana preparen el desayuno con nuevos ingredientes; y para los grandes, dedicar un poco de tiempo al día a hacer lo que más nos guste (leer, hacer manualidades, montar puzzles, hacer deporte…). Al final de cada trimestre se puede valorar cuántas veces hemos alcanzado los objetivos y revisarlos o plantear otros nuevos para el próximo.

  • Programar incentivos entre la rutina: un incentivo puede ser cualquier estímulo o momento que durante nuestro día a día puede hacernos sonreír y sentir que estamos bien. No es necesario que sea algo material o comestible, aunque no vamos a negar que un trozo de chocolate de vez en cuando puede ser una buena recompensa después de un día duro. Por ejemplo, un momento de deporte o de juego en familia puede ser una motivación suficiente para pequeños y grandes que nos puede aportar esta satisfacción o pequeño placer que decíamos. Estos incentivos, además, pueden ir relacionados con los objetivos que nos hemos marcado, facilitando así su cumplimiento.

Todo lo que nos crea una motivación nos hace levantar más contentos ¡Aprovechamos nuestro potencial a para ser felices!

¡Buen inicio de curso a todos y todas!

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